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ΕΘΑΝΕ

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San Isidro labrador: La permanencia de un pertenecer

Brendan Patrick Busse, S.J.

Brendan Patrick Busse, S.J.

 

Homilía en la ocasión de la fiesta de San Isidro labrador

Permanecer - Pertenecer - Perseverar (PPP)

Se dice que cuando Isidro se iba por las mañanas al campo a trabajar… de vez en cuando se paraba en una iglesia o una capilla al lado y se ponía a rezar. Supongo que sus compañeros de trabajo, naturalmente, empezarían a quejarse: “¡Qué tío! Este Isidro… ¿vamos a trabajar y él siempre a la iglesia? Que tío, eh… este llamado ‘labrador’.” En algún momento el pueblo empezó a contar otra historia - se dice que cuando Isidro iba a la iglesia un ángel iba a trabajar en su lugar. No estaría mal… tener un ángel labrador. Sigo buscando una aplicación en mi móvil que me permita irme al Instragram mientras la aplicación va escribiendo párrafos de mi tesina...pero, todavía no he encontrado esa aplicación.

Los cuentos de un pueblo hablan de sus deseos. Los cuentos que contamos sobre los santos… hablan de nuestros deseos, nuestras necesidades y esperanzas. Sería bueno que un ángel fuera al trabajo mientras yo voy a la capilla (o la cama o al bar ¡o lo que sea!). Sí, sería bueno. O, tal vez algunos de nosotros tenemos eso, pero al revés. Qué bueno sería que un ángel pudiera ir a misa mientras yo sigo aquí trabajando. Sí, sería bueno. Que así sea… Los cuentos del pueblo hablan de sus deseos. Que así sea…

Pero así no es. Si el labrador no trabaja… no hay fruto. Nos decía Jesús hoy en el evangelio. Hay que permanecer en el trabajo… con fe en la promesa de Jesús… sabiendo que Dios es el que trabaja en ti. Esa es la buena noticia. La buena noticia nos habla de la permanencia de Dios en nosotros cuando estamos fieles a lo que nos toca. Nada de ángeles trabajando como esclavos nuestros… sino la permanencia de Dios en la fidelidad.

Os confieso...a veces tengo una fe muy débil...y últimamente ando con muchas dudas alrededor de esa palabra: ‘permanencia’. Después de un año entero estudiando… leyendo...escribiendo...yéndome al examen… ¿qué sabiduría teológica permanece en mí? No sé. Y dentro de poco… dentro de un par de semanas iré al aeropuerto dejándoos a todos vosotros aquí… y me iré sin saber si la vida me dará la oportunidad de veros otra vez. ¿Qué tipo de permanencia es esa? Muy bonito decirlo… permanecemos en el amor… pero, si soy sincero… me pregunto: ¿Qué permanece? Cuando tengo que irme, ¿qué tipo de permanencia es esto? ¿Qué tipo de permanencia hay en esta vida nuestra?

Si soy sincero… me asaltan muchas dudas. A veces prefiero la fantasía de un angel labrador a la verdad del trabajo que me toca. Mientras voy echando todos mis apuntes de teología al cubo de reciclaje… Me pregunto: ¿Cómo permanecemos… si todo va cambiando, si perdemos a los que queremos? Tengo mis dudas. ¿Permanecer en el amor? ¿Qué tipo de permanencia es esta?

La única respuesta la encontraremos en Jesús. Su imagen de la vid tiene algo de la respuesta escondida dentro. La permanencia del amor en Cristo no es una permanencia de igualdad, ni de estabilidad, ni de inmortalidad. La permanencia tiene algo ver con la relación entre una cosa y otra… es una permanencia dinámica, de crecimiento y progreso - el labrador hace su parte, la vid también, el sarmiento, igual… y el fruto… es lo que es. Como la relación entre ellos - así también entre nosotros y Jesús, entre Jesús y el Padre. Es una permanencia de una relación - es la permanencia de una pertenencia.

La permanencia del amor divino se hace posible y visible cuando reconocemos la pertenencia - la verdad de que nos pertenecemos los unos a los otros. Eso es lo que hemos olvidado en el mundo de hoy… ese es el mal que nos lleva a crucificar a Cristo … el mal de haber olvidado que nos pertenecemos los unos a los otros. Hay europeos y refugiados… amigos y enemigos… curas y laicos… jesuitas y los demás… y, en algún sentido, es verdad… somos plurales. Pero la verdad más divina es que en esta pluralidad nos pertenecemos MUTUAMENTE - y sabiendo eso seremos capaces de permanecer en el amor.

Y una palabra más… Este permanecer en el amor se hace posible mediante una relación de pertenencia y una actitud de perseverancia. Cuando nos parece que hemos perdido todo, que nada permanece… aguantemos esos momentos con perseverancia. Nos dice así Santiago en su carta - “Tened paciencia, hermanos… manteneos firmes… dichosos los que tuvieron constancia… conociendo el fin - confesando y volviendo a confesar, rezando y volviendo a rezar, trabajando y volviendo a trabajar.” ¿Qué tipo de permanencia es esta? Una permanencia del amor que se entrega totalmente - una permanencia de la pertenencia y la perseverancia.

Cuando Isidro iba a la iglesia cada mañana… ¿qué pedía él? A lo mejor… igual que nosotros ahora mismo… pedía que el fruto de su vida y su trabajo se convierta en algo aún más divino. La petición de Isidro pudiera haber sido la que hacemos cada vez que nos acercamos a esta mesa… que el fruto de nuestra vida se convierta en lo suyo.

Señor, yo sé que tú eres el labrador… y tu hijo la vid… y yo el sarmiento… y lo que quiero, más que nada, es permanecer en ti, en tu amor… y que el fruto de mi vida, mi trabajo, mi labor, mis dudas, mi sufrimiento y dolor… mi esperanza y alegría… mi todo, Señor...todo mi haber y mi poseer… que todo lo mío se convierta en lo tuyo.

Quizás, esa fuera la petición de Isidro… y también sea la nuestra hoy. Que permanezcamos en Dios… no para evitar el trabajo… sino para volver a ello. Sabiendo que la vida nuestra se ha convertido en una parte de la suya. Que el cuerpo nuestro se convierta en el cuerpo del labrador verdadero y que nos permanezcamos así, en-amor-ados. Estaría bien si fuera así… ¿no? No solo un cuento más sobre santos… sino un verdadero cuento de amor. Estaría bien si fuera así…  Pues… Que así sea.

 

PRIMERA LECTURA (Sant 5, 7-8.11.16-17.)

Lectura de la carta del apóstol Santiago.

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. Llamamos dichosos a los que tuvieron constancia. Habéis oído ponderar la paciencia de Job y conocéis el fin que le otorgó el Señor. Porque el Señor es compasivo y misericordioso. Así pues, confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Luego volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos.

Palabra de Dios.




EVANGELIO (Jn 15, 1-7.)

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.»

Palabra del Señor.

 

Brendan Patrick Busse, S.J.

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